Milpas Viejas, Tecuala

botana rica milpas viejas

Para llegar a este lugar desde la Bahía de Otatitos, se tiene que regresar nuevamente a Tecuala y cruzar por las calles aledañas a la Plaza Principal. Es en esta parte donde se ubica la salida a Milpas Viejas y donde está uno de los principales pasos del río, pues el pueblo prácticamente se extiende hasta donde estas aguas serpenteantes le han fijado su confín. Por esta avenida, recubierta de alineadas y bien pulidas piedras de río y palilleras de coco todavía en crecimiento, se observan dos centros botaneros en plena actividad. Asi mismo, está presente la maciza construcción, de cemento y ladrillo, de lo que fue en años recientes un restaurante destinado igualmente a este singular giro gastronómico. Era un local con capacidad aproximada para cien personas v parece que su ubicación era complementaria a las instalaciones de un hotel, que igualmente quedó sin concluirse.

Es de señalar que esta última forma de construcción en gran medida contrasta con las edificaciones de los tradicionales centros botaneros en donde predominan materiales corno la palapa y  el mangle. Además, todo parece indicar que estos lugares donde se hace presente lo ostentoso. son poco atractivos para la gente que busca esta restauranteria, pues lo que ella demanda es el concepto de lo popular.

Los cinco kilómetros de carretera pavimentada por los que se hace este recorrido terminan cuando se arriba a una arcada que en la parte superior ostenta el letrero “Bienvenidos a Milpas Viejas”. Esta población, que exhibio un significativo auge en la segunda mitad del siglo xx debido a su producción de maíz y tabaco, ahora presenta algunas dificultades económica, mismas que localmente se han enfrentado a partir de la migración a Estados Unidos. En sus polvorientas y bien trazadas calles se levantan modestas fincas de ladrillos y teja en donde viven familias campesinas y agricultores en general.

La plaza, ubicada en la orilla noroccidental del poblado, con gran proximidad al río, da cobijo a un teatro al aire libre, una fuente, y al monumento dedicado a un personaje

local donde figura una placa que dice: “Mariano Juárez Cervantes que en mayo de 1926 ofrendó su vida por la causa agrarista de Milpas Viejas, Nay. Mayo de 1971”. La estatua tiene como basamento una columna toscana de dos metros de altura y el busto de aquel personaje da a entender que en vida vestía camisa color negro y que además era muy joven al monumento de su fallecimiento.

Hacia la parte occidental de la localidad se encuentran los dos restaurantes que en las últimas dos decadas se han convertido en relevantes espacios de encuentro gastronómico, a las cuales se les conoce con el nombre de El Molcajete y El Guajolote. Al primero de ellos, rodeado de una gran barda de ladrillo, lo componen dos alargadas casas de teja que se encargan de dar abrigo a poco más de una centena de mesas de madera. Otra parte de este establecimiento está cubierta de lámina galvanizada, lo que en un momento dado provoca que el calor en esa parte del restaurante sea más intenso. A la entrada percibimos un letrero: “Centro Botanero El Molcajete, 100% familiar”. Adentro, en una lona de hule especial, se distingue un aviso en el que se pone al tanto a la clientela de que hay órdenes de camarón, ya sea en ceviche, empanizados, cucarachas o cocidos. Lo mismo para el pescado, que se sirve frito, zarandeado y en ceviche. Dicho cartel igualmente agrega que los indicados servicios tienen el precio de cincuenta pesos.

Otro rótulo con el mismo aviso, pero sin señalar precio, es promovido por la empresa proveedora de cerveza y se encuentra a la entrada de los baños. Estos mensajes, para el caso que nos ocupa, realmente son marginales. Además se encuentran en lugares poco visibles y, como se ha señalado con antelación, quienes asisten a estas partes saben de antemano qué es lo que se va a consumir y se atienen a lo que sus anfitriones generosamente ofrecen. Y ¿qué es lo que ofrecen los propietarios restauranteros? Como en casi todos los demás, aquí también hay camarones al vapor, camarón “verde” para que el comensal haga su propio aguachile, alguna variedad de pescado frito, regularmente constantino, y ceviche de pescado. Además invitan medallones de pescado frito, pescado zarandeado y carne asada zarandeada, sin faltar los cueritos de puerco con bastante picante como para estimular, si el comensal así lo desea, el consumo de cerveza.

Cabe señalar que en los últimos años la cobertura de los consumidores en esta restaurantería es cada vez más amplia. Actualmente estos lugares han adquirido importancia para convocar a diversas personas que por varios motivos realizan reuniones de trabajo o convenciones en lugares como Acaponeta y Tecuala. En este caso se trata de una forma singularmente práctica por medio de la cual el anfitrión, que puede ser una dependencia de gobierno federal o estatal, ofrece de comer a sus asambleistas y todo mundo queda contento. De esta realidad en los últimos años dan cuenta maestros, funcionarios y productores del campo en general. En el Molcajete todavía se puede apreciar la inscripción en una lona que dice: “Bienvenidos señores productores”, que al parecer refiere un evento patrocinado por dos empresas dedicadas a la venta de semillas de maíz y sorgo.

Síguenos en Facebook

Síguenos en Twitter

Trasladarán a NY a ex fiscal de Nayarit acusado de narcotráfico

Comentarios: