La leyenda de los elotes más grandes del mundo

La leyenda de los elotes más grandes del mundo

La leyenda que a continuación voy a narrarles se desarrolla en la hermosa población de Jala, en el estado de Nayarit, sitio rico en tradiciones y de profundas raíces culturales. Habitado por gente sencilla y amable, dedicada a las labores del campo. Su principal cultivo es el maíz y sus mazorcas son conocidas mundialmente por su gran tamaño. Por ello , año, tras año, el 15 de agosto sus pobladores celebran la “Feria del Elote”, una fiesta pagano religiosa en honor de la patrona del pueblo: ” La virgen de la Asunción”
Uno de los principales atractivos de esta fiesta es el concurso donde se elige el elote mas grande de ese año. Algunos han llegado a medir 50 centímetros, considerando solo la parte que contiene los granos.

Jala, la vieja, fue el primer asentamiento con pobladores de origen náhuatl, que en su tiempo pertenecieron al cacicazgo de Xuchitepec (hoy Ahuacatlán ) localizado a 6 km de la cabecera municipal . Algunos historiadores afirman que esta población fue destruida por un incendio y que fue reconstruida en 1550, en el lugar que actualmente ocupa esta población. Posteriormente, pasó de pueblo a villa y el 5 de febrero de 1918, con la promulgación de la Constitución Política del Estado de Nayarit, Jala quedó integrado como municipio de esta Entidad.

Durante mucho tiempo la comunicación de Jala con otras poblaciones era a través de caminos de herradura o caminos angostos. Uno de ellos, el más antiguo quizás, es el que comunica a Jala con el vecino pueblo de Ahuacatlán. Este camino es el punto de referencia medular de esta historia junto con un joven cuyo nombre se a perdido en la historia pero al parecer le apodaban “Betolucas”. Hijo único de María, quien nunca quiso decir el nombre del padre del muchacho. Muchos decían que había sido violada y que el muchacho era producto de esa violación

El joven era un retrasado mental, de ahí que le apodaran “Betolucas”. Se le podía ver frecuentemente por las calles del pueblo, hablando solo, sonriente, otras veces cantaba, sin embargo, tenia momentos de lucidez y se podía platicar con él como si se tratase de una persona normal.

Ayudaba a su madre a recoger leña de un cerro conocido como “La mesa” ,ubicado en las “faldas” del volcán “El ceboruco”. Esta leña la vendían entre los habitantes de la pequeña población y el dinero obtenido les servía para mantenerse.

El muchacho no tenía malicia, era muy inocente, carecía de avaricia y lo material no significaba nada para él. Por el camino de la “mesa “los arrieros transportaban en bestias de cargas alimentos y productos entre los pueblos de Jala y Ahuacatlán. Un arriero, que aseguraba tener solo 25 años, presentaba un aspecto de un anciano de 75 , vagaba diariamente por las calles de la población. Lo conocían como “López”, no tenía familia. Sus ideas carecían de sentido, estaba ebrio todo el tiempo y se la pasaba gritando. Cuando no tomaba, lograba ordenas sus ideas, un poco solamente, pero lo suficiente para narrar que en ese cerro junto al volcán, existe una cueva dentro de la cual se encontraba un hermoso pueblo. Contaba que el lo había encontrado por mera casualidad, un día lluvioso en el que las bestias se apartaron del camino y al sentirse perdido, busco un refugio para protegerse de la fuerte lluvia.
Decía que había entrado y que solo había durado un día y que no recordaba nada de lo ocurrido, pero que al salir de la cueva solo recordaba su apellido: “López”, pero lo ocurrido dentro, lo había olvidado casi por completo.

Algunas personas sintieron curiosidad e intentaron localizar la cueva. Nunca la encontraron. Entonces surgió el rumor de que únicamente una persona justa, de corazón noble, de sentimientos puros y sin ambición podría encontrarla y que entraría y saldría de ahí cuantas veces quisiera sin sufrir daño alguno.

Cierto día, “Betolucas” acompaño a su madre a recoger leña a este cerro, al llegar, por un descuido del muchacho, una de los burros se soltó, al darse cuenta la mamá le mando que fuera detrás de el. Con lento caminar, bestia y muchacho se alejaron bastante del lugar. Al “pie” de una gran peña, el burro se detuvo a comer pasto fresco y verde. Ahí le dio alcance “Betolucas”. Un conejo llamo la atención del muchacho y lo quiso atrapar, pero el animalito se perdió detrás de un enorme arbusto. Con curiosidad el joven removió la maleza y sorpresivamente se encontró con una pequeña cueva a la cual entro. Al principio era estrecha pero conforme avanzaba se hacía cada vez mas amplia.

Poco a poco se acostumbro a la oscuridad, siguió caminando. A lo lejos vio una resplandeciente luz y hacia ella se dirigió. Al llegar ahí, frente a él, había un camino , caminó con paso inseguro contemplando los huertos con árboles repletos de frutas y cultivos de maíz con unos elotes , casi mazorcas, de enorme tamaño que llamaron poderosamente su atención. En el campo la gente trabajaba , parecía que no lo podían ver, nadie se percataba de su presencia. Llegó al pueblo, vio a las personas platicar, le parecían muy bonitas, altas, rubias. Cuando se canso, decidió volver al lado de su madre y lo hizo apuradamente para evitar que lo maltratara. Antes de salir, tomo su inseparable morral que llevaba colgado en el hombro y lo lleno de elotes, los mas grandes, estaban en su mero punto para dorarlos a fuego lento, como a él le gustaban…

Salió de aquella cueva, busco a su madre, le grito desesperado, nadie le respondió, tampoco vio al burro. Caminando se encontró con el camino de regreso a Jala y caminó rápidamente.

Al llegar a la población la gente murmuraba por su presencia, pero a él no le extraño, siempre pasaba lo mismo
la gente decía en voz baja:
-¡Mira, ese es “Betolucas”!
-¡Creíamos que había muerto!
-¡Hace más de un año que desapareció!¿Donde andaría?
la cueva no afectó sus facultades mentales como a “López”, puesto que ya lo estaban pero el tiempo había pasado muy rápido, pero el muchacho no lo sabía.

Al llegar a su casa su mamá al verlo se desmayo. Por mucho tiempo lo busco en aquel cerro, como no lo encontró lo creyó muerto. Cuando se repuso, le pregunto al joven en donde había estado, como respuesta el muchacho le narró lo sucedido con gran detalle, recordaba todo.

Doña María no le creyó, entonces “Betolucas” le mostró los elotes que llevaba en el morral; ahora le parecían más bonitos, al salir de la cueva se habían convertido en oro, macizo y pesado. La señora esta asombrada y le dijo a su hijo que se los asaría pero que no le dijera nada a nadie.

En su ignorancia Doña María vendió los elotes a muy bajo precio a las persona ricas de ese tiempo. Como eran personas codiciosas, vigilaron día y noche al joven y su madre tratando de averiguar de dónde sacaba los elotes de oro

Cuando Doña María se dio cuenta que le daban mas dinero por una mazorca que por todas las cargas de leña de un mes, decidió mandar a su hijo por mas elotes. Burlando la vigilancia que tenían, se montaron en un burro y partieron rumbo al cerro de la “mesa”.

Curiosamente, no encontraron la entrada, entonces la señora recordó que debía de ir alguien sin ambición. Entonces decidió esperar a su hijo en el potrero del “zapote” y lo mando solo.

Cuando el joven fue solo, fácilmente encontró la entrada a la cueva, rápidamente cortó los elotes , algunas mazorcas y salió
Al llegar a su casa no encontró a nadie, había pasado mucho tiempo, su madre había fallecido, mucha gente comentaba que la torturaron para averiguar de donde sacaba lo elotes, nadie investigó su muerte.

Al quedar solo “Betolucas” cambió los elotes y mazorcas por comida. Pronto terminó con lo poco había sacado de la cueva. En sus momentos de lucidez, platicaba sobre la cueva y el pueblo que encontró. Al igual que su mamá un día lo encontraron muerto en el cerro donde juntaba leña, torturado. Pareciera que lo habían llevado para que les mostrara la entrada a la cueva, pero al ir acompañado por personas ambiciosas, jamás encontraron la entrada.

Algunos campesinos, muy ancianos, dicen que si se desea encontrar la entrada a la cueva, la persona debe de ser noble y de sentimientos puros. debe de pararse en la puerta de entrada al potrero del “zapote”, en el mes de mayo, antes de la salida del sol, debe de observar con mucho cuidado el cerro de la “mesa” y ver la peña que toquen los primeros rayos del sol, ahí esta la entrada a la famosa cueva.

También se dice que cuando “Betolucas” salió de la cueva con los elotes y mazorcas, atravesó tierras de cultivo y que algunas semillas que se desgranaron de las mazorcas, cayeron a estas tierras, germinaron, crecieron y dieron fruto. Los campesinos al ver su tamaño, conservaron la semilla y a la fecha la siguen conservando unos cuantos.

De esa semilla se producen los elotes y mazorcas más grandes del mundo y que son orgullo de la población.

Existe la creencia que la virgen del pueblo, nuestra señora de la Asunción, cada año modifica la extensión de sus manos para señalar el tamaño que tendrán las mazorcas en ese ciclo de cultivo
Vaya usted a saber… pueblo mágico y misterioso

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